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lunes, 23 de febrero de 2026

Reforma legislativa y opinión pública: respaldo a la baja de edad de imputabilidad y cambios laborales

Gráfico de encuesta sobre apoyo a la reforma laboral y baja de edad de imputabilidad en Argentina

El Monitor de Opinión Pública revela que 64,2% apoya bajar la edad de imputabilidad y 48,6% respalda la reforma laboral, en un clima de polarización política y crisis económica.

¿Un Congreso alineado con la demanda social?

El último relevamiento del Monitor de Opinión Pública (MOP) muestra una fuerte sintonía entre los debates legislativos y la opinión ciudadana.

  • 64,2% de los encuestados está a favor de bajar la edad de imputabilidad a 13/14 años.
  • 48,6% respalda la reforma laboral en discusión.

Este escenario fortalece al Gobierno nacional, que logra instalar la agenda pública y convertirla en capital político. La imagen positiva del presidente Javier Milei alcanza el 47%, en un contexto de marcada polarización.

Economía y seguridad: motores del reclamo social

La encuesta refleja que la situación económica es el principal problema del país:

  • 46,8% evalúa negativamente el rumbo nacional.
  • 41,9% sufrió pérdida de empleo propia o cercana en el último año.
  • 76,1% considera que su salario no supera la inflación.

En este marco de malestar, crece la demanda de orden y decisiones firmes, lo que explica el respaldo a la baja de la edad de imputabilidad y la apertura a cambios estructurales en el mercado laboral.

Sindicatos en crisis de representación

El MOP también confirma el desgaste de los gremios tradicionales:

  • 65% mantiene una imagen negativa de los sindicatos.
  • Amplio respaldo social a la eliminación de cuotas sindicales obligatorias, aunque finalmente se mantuvieron tras acuerdo con la CGT.

La reforma laboral aparece entonces como una oportunidad de ruptura con un sindicalismo percibido como corporativo y desconectado de los trabajadores más vulnerables.

INDEC y credibilidad institucional

Tras la salida de Marcos Lavagna, el 59,3% rechaza la intervención del Poder Ejecutivo en el INDEC. Además, más del 60% desconfía de los datos oficiales de inflación, señalando una brecha entre estadísticas y experiencia cotidiana de precios. El reclamo social es claro: independencia del organismo como garantía de credibilidad.

Imágenes políticas: Milei y Kicillof en contraste

  • Javier Milei logra un diferencial positivo por primera vez desde julio de 2025, con 47% de imagen positiva y 45,9% negativa.
  • Axel Kicillof registra su peor nivel: 30,6% positiva y 61,6% negativa, reflejando desgaste y desconexión con las demandas actuales.

La oposición enfrenta dificultades para consolidar liderazgos competitivos frente a un oficialismo que capitaliza la agenda de cambios.

Sobre el estudio

El MOP incluyó 1.002 casos válidos con cobertura nacional, mediante cuestionario autoadministrado

lunes, 26 de enero de 2026

Según estudio de la Consultora Zentrix - El bolsillo vs. la política: pese al malestar económico, Milei mejora su imagen positiva

Encuesta muestra el aumento de la imagen positiva de Javier Milei mientras la mayoría de los argentinos declara que su salario pierde contra la inflación

La imagen positiva de Javier Milei sube según el Monitor de Opinión Pública, aun cuando el 74,7% de los argentinos asegura que su salario pierde frente a la inflación.

Monitor de Opinión Pública (MOP) Zentrix Consultora 

La nueva medición del Monitor de Opinión Pública (MOP) realizada por Zentrix Consultora expone una paradoja del clima social: sube la imagen positiva de Javier Milei aun cuando el 74,7% afirma que su salario está perdiendo contra la inflación, un indicador de malestar económico extendido en la vida cotidiana. En ese contraste aparece una clave política: parte del electorado parece diferenciar el golpe en el bolsillo de la evaluación de la conducción y empieza a ubicar el problema en factores más estructurales del modelo económico y laboral.

Esa lectura se conecta con lo que ya se venía registrando en noviembre, cuando un 55% se manifestó a favor de avanzar con una reforma laboral, señalando que, incluso con ingresos deteriorados, existe una base social dispuesta a acompañar cambios de reglas si cree que pueden mejorar el funcionamiento del empleo y la economía.

Gráfico de encuesta que muestra el aumento de la imagen positiva de Javier Milei mientras la mayoría de los argentinos declara que su salario pierde contra la inflación.


En el mismo sentido, el relevamiento muestra que la inflación también se discute en el plano de la credibilidad: el 56,4% de los encuestados no cree que el dato del INDEC refleje lo que se vive en la calle, mientras que el 41,4% sí considera que el índice oficial se acerca a su percepción cotidiana.

El informe agrega, además, que no se trata de una foto aislada: el gráfico de evolución del MOP exhibe cómo esta percepción fue moviéndose a lo largo de las mediciones, lo que refuerza la brecha entre estadística y experiencia diaria. Esa distancia ayuda a explicar por qué el malestar salarial convive con lecturas políticas más complejas: aun cuando la inflación muestre señales de desaceleración, una parte mayoritaria sigue sintiendo presión en precios clave y ajustes en gastos básicos, y por eso no percibe una mejora inmediata en el consumo real.




La mirada sobre la economía argentina sigue siendo mayoritariamente negativa, pero muestra un giro en el margen. En enero, el 48,2% de los encuestados califica la situación del país como “negativa”, mientras que el 31,4% la evalúa como “positiva” y el 20,1% la define como “regular”. Aun así, el informe marca que el humor económico empieza a moverse: el gráfico de evolución del MOP muestra que, respecto de mediciones anteriores, creció el porcentaje de quienes ven la economía con mejores ojos.

Para muchos la economía todavía no está bien, pero empieza a crecer un segmento que percibe señales de mejora o, al menos, de estabilización. Ese corrimiento ayuda a entender el contraste con el bolsillo: que tres de cada cuatro digan que el salario pierde contra la inflación no impide que mejore la visión del país, porque la evaluación general incorpora expectativas de rumbo y comparación con meses anteriores, incluso cuando el impacto cotidiano siga siendo adverso. Así, mejora la percepción sobre el país mientras la economía doméstica continúa bajo presión.




Consultados sobre las expectativas para 2026, el 48% cree que la situación económica del país será negativa, mientras que el 47,4% proyecta un escenario positivo, una diferencia mínima que deja un mapa prácticamente partido en mitades.

Sin embargo, el informe agrega un dato que ordena la lectura: la intensidad del pesimismo es mayor que la del optimismo, porque el 39,6% se declara “muy pesimista” frente a un 27,4%muy optimista”, lo que muestra que todavía hay un núcleo duro de incertidumbre y desconfianza.




En ese contexto, el empate no significa euforia sino transición: parte de la sociedad empieza a imaginar un 2026 algo más previsible, aun cuando el impacto sobre los ingresos siga siendo el dato más contundente del presente. Por eso, en la misma encuesta pueden convivir percepciones negativas sobre el salario y, al mismo tiempo, una mejora en la mirada sobre el país o sobre el rumbo: son expectativas de mediano plazo, pero que ya empiezan a empujar el clima social hacia una evaluación menos cerrada que en meses anteriores.

Venezuela. En el MOP de enero, uno de los capítulos más llamativos fue el dedicado a Venezuela, donde la encuesta midió el clima social frente a la intervención de Estados Unidos y el posicionamiento que debería adoptar Argentina. Los resultados muestran un escenario partido en dos: el 48,3% se manifestó a favor de una intervención militar estadounidense en Venezuela, contra el 42,9% que se expresó en contra.




Sobre el estudio

Pero el dato central está en la segmentación política: el informe deja en evidencia que Venezuela funciona como un tema “espejo” de la grieta local. Entre votantes de Milei, la intervención de EE.UU. recibe un respaldo abrumador (90,1% a favor), mientras que entre opositores la tendencia se invierte con la misma intensidad (86,3% en contra). La polarización también se traslada al debate sobre qué debería hacer Argentina: 38,4% cree que el país debería apoyar a Estados Unidos, 36,5% optar por condenar la intervención y 22,5% mantener neutralidad, configurando una disputa abierta incluso en la política exterior.

Imágenes políticas

En enero, la imagen de Javier Milei muestra una mejora respecto del cierre de 2025 y vuelve a ubicarse en un terreno de paridad, con 45% de valoración positiva, 48,2% negativa y 6,8% regular. El dato sugiere un cambio en el modo en que parte de la opinión pública está procesando el escenario: incluso con tensiones económicas visibles, la evaluación presidencial empieza a incorporar con más peso la percepción de rumbo y expectativas de estabilización, lo que permite una suba de imagen aun sin una mejora inmediata en la vida cotidiana.



En contraste, Axel Kicillof registró un deterioro de imagen en relación con el mes anterior y

lunes, 24 de noviembre de 2025

Reforma laboral: 7 de cada 10 argentinos, en contra de los aportes sindicales obligatorios



Reforma laboral en Argentina: 7 de cada 10 rechazan los aportes sindicales obligatorios y apoyan cambios estructurales en el sistema gremial y laboral.



El Monitor de Opinión Pública (MOP) elaborado por Zentrix Consultora durante el mes de noviembre muestra que el 67,5% respalda convertir la cuota sindical en voluntaria, consolidando una mayoría social que rechaza la obligatoriedad vigente y expresa desconfianza hacia el modelo gremial actual. El relevamiento también registra un apoyo extendido a modificar la normativa laboral, con una opinión pública que se inclina por cambios estructurales en línea con las iniciativas impulsadas por el Poder Ejecutivo Nacional.

Si a este guarismo se le incorporan quienes se ubican en una posición intermedia –ya sea porque se consideran “neutrales” o porque afirman que no les resulta particularmente relevante el tema– el universo que no se opone a la modificación asciende al 82,2%. En otras palabras, más de ocho de cada diez personas se muestran de acuerdo o, al menos, no presentan resistencia frente a la posibilidad de eliminar la obligatoriedad de los aportes que hoy se descuentan de manera compulsiva a los trabajadores. Sólo un 17,8% sostiene que el sistema actual debe continuar tal como está.









Cuando estos resultados se cruzan con la orientación política de los encuestados, la conclusión es todavía más llamativa. Tanto entre quienes apoyan al oficialismo nacional como entre los votantes opositores predomina de manera clara el acuerdo con que los aportes sindicales pasen a ser voluntarios. Esta coincidencia transversal –infrecuente en el clima político actual– revela que la discusión sobre las cuotas sindicales constituye uno de los pocos temas en los que se observa un alineamiento mayoritario entre distintos segmentos del electorado, indicando que la demanda de cambio en el esquema gremial excede las divisiones partidarias tradicionales.

Respecto a la posibilidad de que se realicen reformas laborales, más de la mitad de los encuestados (55%) se manifiesta a favor de actualizar o reemplazar la normativa vigente, un resultado que se sostiene aun entre quienes expresan dudas o posiciones intermedias. Esta inclinación refleja un diagnóstico social extendido: la estructura laboral actual es percibida como rígida, desactualizada y poco compatible con las dinámicas económicas contemporáneas. La demanda de cambio no surge sólo de la discusión política coyuntural, sino de una lectura más profunda sobre la necesidad de modernizar reglas que regulan el empleo, la contratación y las relaciones laborales.




La imagen de los sindicatos constituye otro punto crítico. Los datos muestran una desconfianza estructural: sólo 15,2% declara una percepción positiva, mientras que 63,9% expresa una valoración negativa. El rechazo no obedece únicamente a posicionamientos ideológicos. También expresa una experiencia acumulada de distancia con las preocupaciones cotidianas, percepción de estructuras burocráticas y dirigencias encapsuladas desde hace décadas. El contraste entre su peso histórico y la legitimidad actual queda evidenciado en el relevamiento, donde incluso entre votantes peronistas –su base sociológica tradicional– la negatividad alcanza el 30,2%, revelando que la crisis de confianza excede cualquier frontera partidaria.

Credibilidad en las cifras oficiales

La confianza en el INDEC muestra en noviembre una mejora leve pero consistente. El 37,2% declara confiar en las cifras oficiales, frente a un 59,2% que mantiene una postura de desconfianza. Aunque esta última continúa siendo mayoritaria, el crecimiento de la confianza respecto del mes anterior señala un proceso incipiente de recuperación institucional. El nivel actual no modifica del todo el escepticismo acumulado, pero sí introduce una tendencia más favorable en la percepción pública del organismo.

En paralelo, la inflación perdió centralidad como preocupación principal. Sólo el 5,1% la menciona como el problema más importante del país, ubicándose muy por debajo de la situación económica (30,7%) y de la corrupción (22,6%). Este desplazamiento no implica que la inflación deja de ser relevante, sino que el malestar social se distribuye hoy en un abanico más amplio de dimensiones económicas y políticas. En ese contexto, los debates sobre reformas laborales, modernización institucional y cambios en el sistema sindical aparecen como parte de una agenda más amplia de reorganización económica percibida por la ciudadanía.




Principales preocupaciones

Las principales preocupaciones del país muestran un diagnóstico compartido, pero con prioridades muy distintas según la identidad política. A nivel nacional, el desafío dominante es la situación económica general (30,7%), seguida por la corrupción (22,6%) y el desempleo (13,1%), un patrón que combina malestar material con percepciones institucionales. Problemas como educación (8,9%), inseguridad (8,3%) y narcotráfico (7,5%) aparecen en un segundo plano, mientras que la inflación –que históricamente lideraba el ranking– queda relegada al 5,1%, confirmando su pérdida de centralidad en la agenda ciudadana.

La segmentación revela diferencias estructurales entre ambos electorados. Entre los votantes de Milei, la corrupción (22,6%) emerge como principal problema, seguida por la economía (19,5%) y la inseguridad (15%), un orden que refleja una lectura más institucional que económica de la crisis. En contraste, entre los votantes peronistas la situación económica general sube a 39,2% –muy por encima de cualquier otro punto– lo que evidencia que este segmento concentra su preocupación en el deterioro macroeconómico. Temas como corrupción (24,5%) o desempleo (14,8%) ocupan posiciones secundarias, mientras que la inseguridad y el narcotráfico prácticamente no tienen peso (2,8% y 4,5%, respectivamente).

El contraste de prioridades sintetiza dos narrativas coexistentes sobre la crisis argentina: una centrada en el deterioro económico y otra que interpreta el problema a través de la corrupción y la inseguridad. En conjunto, el relevamiento muestra que no existe una preocupación única que organice el clima social, sino un escenario donde conviven malestar económico, desconfianza institucional y tensiones estructurales que se distribuyen de manera desigual según la identidad política del votante.

Imagen de dirigentes políticos

La medición de noviembre sobre la imagen de los principales dirigentes políticos exhibe un escenario estable en la polarización nacional y con diferencias marcadas, según el grado de conocimiento y la proyección de cada figura.

Javier Milei. En noviembre, la imagen del presidente Javier Milei muestra una mejora tras las elecciones legislativas de octubre, que reforzaron el peso parlamentario del oficialismo y marcaron la derrota del peronismo en la provincia de Buenos Aires. Su imagen positiva sube de 35,5% a 40,5%, mientras la negativa baja de 59,9% a 51,9%, reduciendo el saldo desfavorable. El movimiento mensual refleja un claro efecto post legislativas: Milei consolida su apoyo interno tras el resultado electoral sin mejorar su aceptación en sectores opositores.

Axel Kicillof. En noviembre, su imagen retrocede tras las elecciones legislativas de octubre, donde el peronismo sufrió una derrota clave en la provincia de Buenos Aires. Su imagen positiva baja de 43,9% en octubre a 38,6%, mientras que la negativa sube de 48,5% a 53,2%, marcando un deterioro claro en su diferencial. La comparación mensual muestra que Kicillof siente de manera directa el efecto post electoral: pierde imagen luego del resultado adverso en Buenos Aires y queda más expuesto en un contexto de polarización creciente.

Diego Santilli. En noviembre, el diputado electo y actual ministro del Interior de la Nación alcanza una imagen positiva de 38,8% y una negativa de 49,2%. Entre votantes del oficialismo, la positiva escala a 74,4%, mientras que en votantes opositores su imagen negativa es de 93,5%. Su designación como ministro –tras el triunfo legislativo del oficialismo el 26 de octubre último en la provincia de Buenos Aires– explica este fuerte perfil público.

Karina Milei. En noviembre registra 20,6% de positiva y 65,5% de negativa, conformando uno de los diferenciales más desfavorables del tablero político. La distribución por voto muestra el origen de esa estructura: entre votantes oficialistas alcanza 39,5% de imagen positiva, pero incluso dentro de ese electorado mantiene 36,5% de negativa, un nivel de rechazo interno muy alto para una figura del entorno presidencial. La consolidación de su rol público tras las legislativas de octubre no se traduce en un fortalecimiento de su imagen. Por el contrario, los datos indican que no logra trasladar la valoración positiva del Presidente de la Nación, mostrando que su figura opera más como un componente identitario del oficialismo que como un activo político con capacidad propia de expansión.

Ramiro Marra. En noviembre presenta una imagen compuesta por un 26,8% de positiva y un 51,7% de negativa. Entre votantes oficialistas alcanza un 52,2% de positiva, mientras que entre votantes peronistas el rechazo se eleva a 89,4%, reflejando una polarización contundente. Como legislador porteño y figura asociada al espacio libertario, Marra combina su actividad parlamentaria con una fuerte presencia mediática, particularmente en redes y como divulgador financiero.

Pedro Rosemblat. Registra en noviembre una imagen positiva de 36,9% y una negativa de 28,8%, con

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