📌 Por Lorena Tablada ✍️
Junio siempre fue un mes cargado de fechas que marcaron mi vida. Pero en el ámbito escolar, dos resonaban con fuerza: el Día del Bombero Voluntario (2 de junio) y el Día del Periodista (7 de junio). No necesitaba libros para recordarlas, estaban grabadas en mi memoria del calendario escolar.
A los tres años ya jugaba a ser movilera de un noticiero improvisado. Con un desodorante vacío como micrófono, entrevistaba a mis tíos que llegaban de visita. Ese juego inocente fue la primera chispa de una vocación que, aunque se desvió por un tiempo, nunca dejó de latir.
De joven soñaba con ser doctora en Filosofía y dar grandes conferencias. Mi refugio era la Biblioteca de Gonnet, Román Harosteguy, donde acunaba esos sueños entre estantes y silencios. La vida, sin embargo, me llevó por otro camino: hace casi veinte años tomé un teléfono y realicé mi primera entrevista para una radio. Seguí al intendente de aquel tiempo y desde entonces no paré más.
Descubrí que el periodismo era más que una profesión: era un amor profundo, con alegrías y sinsabores, pero con la certeza de que es lo mejor que sé hacer. Con el tiempo entendí que los filósofos y los periodistas comparten un mismo destino: buscar la verdad, aunque con métodos distintos.
Ser periodista no es sólo saber preguntar. Es saber escuchar, interpretar y transmitir el mensaje con

