(Gentileza) Por Madelén Rossi, publicista y mentora @soymadelenrossi
Diversificación de ingresos, autogestión y el valor diferencial que aportan los años de trayectoria acumulada.
La economía digital no solo abrió nuevas profesiones, también cambió la idea de que una carrera sólida depende de tener un único empleo. Y para muchas mujeres, los años de trayectoria, lejos de ser un obstáculo para entrar en este nuevo escenario, se convierten justamente en su principal ventaja competitiva.
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El crecimiento de las profesiones digitales está transformando las oportunidades laborales, eso es un hecho. Nuevas formas de trabajar, diversificar ingresos y desarrollar carreras independientes nos permiten hoy en día cuestionar estructuras tradicionales y revalorizar algo que muchas profesionales ya tienen, o sea, sus años de experiencia.
Durante décadas, construir una carrera profesional estuvo asociado a un recorrido que involucraba un camino bastante recto: estudiar, ingresar a una empresa, adquirir experiencia y alcanzar estabilidad laboral. El éxito se medía de esa manera, por la permanencia dentro de una empresa, por la antigüedad y por el sentimiento de tener “un sueldo asegurado cada mes”.
Sin embargo, el avance del mundo digital comenzó a modificar esa lógica. Hoy es posible desarrollar una profesión, prestar servicios a empresas de diferentes industrias, trabajar con clientes de otros países, enseñar o construir un negocio propio sin que esto dependa de una única organización que te dio empleo, o de que tengas un título universitario.
Y en esta transformación, las mujeres encontramos una oportunidad que va mucho más allá del famoso trabajar desde casa.
Estamos frente a la posibilidad de construir carreras profesionales en las que nuestra experiencia, nuestros conocimientos y nuestra capacidad de generar resultados tengan un peso cada vez mayor, independientemente de nuestra edad, de nuestra ubicación e incluso de nuestra trayectoria laboral previa.
Prueba de esto es el hecho de que, durante muchos años, determinados sectores profesionales estuvieron fuertemente asociados al universo masculino. La tecnología, el análisis de datos, la programación, la gestión de inversiones publicitarias, son algunos ejemplos de actividades donde las mujeres hemos tenido que disputar espacios de participación y reconocimiento.
Pero hoy se abre una posibilidad interesante, que tiene que ver con poder acceder a esos sectores a través de nuevas modalidades de contratación, formación y desarrollo profesional.
Una mujer que trabaja desde su casa puede administrar presupuestos publicitarios, dirigir estrategias comerciales y proyectos internacionales, analizar el comportamiento de miles de consumidores o asesorar empresas que se encuentran a cientos de kilómetros de distancia.
Su lugar de trabajo puede ser una computadora, pero su responsabilidad profesional no tiene nada de pequeño.
Sería ingenuo afirmar que las desigualdades desaparecen cuando encendemos una computadora, pero sí aparece una diferencia relevante con respecto al pasado: las mujeres podemos encontrar nuevos caminos
