Por Mar Ch
Marianela Chimento +5491158876609
Estamos en la semana de la lactancia y te quiero contar mi experiencia, como siempre digo es lo que yo viví, no significa que a vos te pase igual, cada una es diferente y por eso cada momento que vivimos también lo es.
Por dónde empiezo? Te diría por el principio pero es bastante largo. Para que entiendas y se te haga más fácil, lo más cercano que estuve de dar la teta fue concurrir a un taller personalizado de lactancia. ( Me lo dió la puericultora Vicky Soares, una grosa).
Roma estuvo internada en Neonatología 3 largos meses, ahí se alimentó por sonda casi dos meses y medio. Al principio le daban lo que es la alimentación parenteral de manera intravenosa, sería como un falso cordón que le pasa los nutrientes que necesita el bebé en la panza, pero afuera. Luego y muy de a poco le comenzaron a dar mi leche por una sonda que estaba en su boca e iba directo al estómago.
Te estarás preguntando cómo se hacía esto? Bueno, ahí caemos en el famoso ritual del lactario que tenía la Neo. Cada tres horas ingresaba, me colocaba el sacaleche en la lola y me extraía. Una máquina me absorbía la teta y el alma. Al principio 10 minutos de cada lado, luego empecé a "vaciarme" por completo. A veces me pegaba terrible embole, te puedo decir todas las etiquetas de la leche en polvo que toman los bebés, porque era tal mi aburrimiento que me leía las etiquetas 15 veces por día. Sabía los turnos del personal que limpiaba la heladera (porque estaban anotados), y de vez en cuando se me cerraban los ojos del cansancio.
Cada dos segundos la puerta se abría y era una enfermera que necesitaba pasar a buscar algo. (El lactario también es donde fraccionan las leches para los bebés o donde están las mamaderas y si o si necesitan hacerlo).
Luego golpeaban la puerta y preguntaban si faltaba mucho, afuera había una fila de mamás que estaban en la misma que yo. Presencié enojos y disturbios por quién pasaba primero, y como siempre digo, yo llegaba haciendo cuerpo a tierra.
El ritual no se completaba si no hacías el etiquetado, una vez que te extraías la leche debías pasarlo a jeringas o frasquitos estéril y poner tu nombre, el de tu hija, la fecha y la hora. El reloj de ahí nunca funcionaba y mi cabeza como para poner el día tampoco. Cambié muchas veces de número de mes, y creo que cada vez que pasaba me angustiaba. De marzo a julio, qué te parece? Un numerito.
El sacaleche utilizado se lavaba bien, y se podía usar dentro de las 24 hs, había que guardarlo en una bolsa con nombre y fecha. Me aprendí cómo se llamaba cada uno de los bebés y ya sabía identificar la letra de cada mamá. A veces estaba tan aburrida que se me daba por ordenar todo o limpiar con alcohol la mesada.
La leche que me sacaba había que frizarla y ahí estaban los frasquitos de las otras mamás. "cuánta producción tenés" me decían cada vez que me cruzaban, y era verdad, pero yo no veía la hora de que Roma tome la teta. 3 litros de agua por día, levadura de cerveza, malta y cualquier gualicho apto para tener más producción.
Durante el embarazo tuve millones de miedos, reales e inventados, pero de lo que nunca temí fue de poder dar la teta, tal fue el caso que me compré terrible almohadón de lactancia que hoy está durmiendo en el ropero.
Qué pasó? Roma alcanzó los 2 kilos y me dieron luz verde para ponerla en el pecho " solo contacto para que no baje de peso" me argumentaba una y otra vez el doc y yo obedecía porque lo que más quería era que aumente.
Poco a poco fueron pasando los días y me dejaron probar dar la teta. Una enfermera le agarraba la cabeza a Roma, otra me apretaba el pezón en forma de pinza, otra alentaba desde afuera y Ezequiel (marido) que quería sacarse la remera y darle la teta él. Mucha presión para una simple mortal! Roma lloraba, sacaba la cabeza, y entendí que había que esperarla. "la teta es perseverancia ", me dijo la puericultora de la clínica, y estaba en lo cierto, sucede que venía de 3 meses con perseverancia y uno a veces llega cansado a la meta, ni hablar de Roma que había pasado por tubo y sonda.
Lo intenté, una y otra vez, y me angustiaba mucho verla mal a Roma, llegué a pensar que me rechazaba, hasta que acepté que la Neo no era el momento ni el lugar para seguir intentando. Nosotras nos queríamos ir a casa y en ese momento la insistencia era cierta traba. Roma tenía que comer, aumentar , y aprender a succionar. Habiamos pasado por mucho, muchísimo, como para cargar con más cosas. Centré todas mis energías en que coma por mamadera, hasta que finalmente llegó el alta.
Te pensás que me quedé conforme con eso? Ni ahí. Seguí intentando en casa, volví a probar con una pueri, hicimos todo y si no fue todo, casi todo pero hicimos. Hice, intenté, luché, me frustré, volví a hacer, y Roma también, juntas en todas pero sin lograr que tome la teta.
Te puedo dar explicaciones científicas; Roma tiene la parte de atrás de la lengua elevada por tanto tubo, tiene rechazo a la comida por tanta sonda, yo tengo el pezón plano, ella tiene débil succión, puedo seguir, pero sabés con qué me quedo? Con que no todo tiene que ser de librito, y ni hablar de los ideales.
Con Roma nada salió como esperaba y ahí está el problema, el esperar a raíz de una idealización, Roma siempre hizo y hace lo que quiere, y cada experiencia es diferente y nueva, no todo es como te venden, cómo crees o como quieren que sea, las cosas son como son y aceptarlas es la mejor forma de llevarla.
Hoy esterilicé por última vez mi sacaleche, ya no me quiero sacar más, ya van casi 5 meses que me saco y le paso mi leche por mamadera, (un poco porque para aumentar debe tormar fórmula si o si), ya estoy algo cansada de esa rutina, y prefiero resignar eso para poder darle lo mejor de mi, entera y sin agotamiento. Me bajó la producción y las ganas.
Me cago en todas las caras de labio torcido que me ponen cuando digo que no doy la teta, podría explicarles que me encantaría pero ya no me detengo en eso. Mi hija está viva, y el vínculo se alimenta día a día, Roma es una bebé de leche como digo yo, ayer fue mía hoy es fórmula, pero en cada mamadera le doy más que calorías, le doy amor porque al hacerlo le canto, le bailo, me mira,
se ríe y nos encontramos. Me quedo con el ida y vuelta que existe en cada una de nuestras miradas, a las dos de la tarde y a las tres de la mañana.
La lactancia va más allá de dar la teta. Nos amamos, sin esquemas, sin ideales, sin protocolos, sin estereotipos, sin restricciones. Yo no doy la teta, pero doy todo de mi, doy amor y recibo lo mismo de Roma. Me quedo con eso.
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viernes, 2 de agosto de 2019
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